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sábado, 27 de julio de 2013

Reapertura del Salón Comunal del Barrio Artigas

Reapertura del Salón Comunal del Barrio Artigas
El sábado 20 al mediodía ya estaban sonando los equipos que animarían la reapertura del Salón Comunal del Barrio Artigas. El escenario dispuesto en el frente, telas de colores y banderas adornaban el lugar.
Los vecinos comenzaron a llegar al igual que estudiantes del primer año de la Facultad de Arquitectura que armaron dentro del salón una muestra interactiva, donde se podía participar de juegos, entrevistas y otras movidas.
A las 15 comenzó formalmente la fiesta con palabras de Máximo, integrante de la Comisión de Vecinos: “Hemos recuperado el salón, para nosotros fue un principio de lucha y de guía. Luego de veintipico de años ocupado y con el esfuerzo de muchísimos vecinos lo hemos recuperado”. 
Agradeció a todos quienes han compartido actividades en el salón “los grupos de ISEF de gimnasia, de la Universidad de la República, de diseño y de medicina, al grupo de teatro comunitario del Cerro que está desde el 2006 en el barrio y a todos los vecinos y vecinas que se han acercado”.
Gabriel Otero, alcalde del Municipio A subió al escenario junto a los concejales municipales Lourdes Apostoloff y Nelson Moreira; y destacó el esfuerzo de los vecinos para lograr recuperar el salón.
Por último se invitó a subir al escenario a Alba Antúnez, directora del Programa Esquinas de la Cultura de la Intendencia de Montevideo, quien lamentó “la falta de cámaras de televisión como suele pasar con todo lo que es positivo en nuestros barrios donde generalmente sale lo malo y hay tanto bueno”.
Con el sol que se abrió entre las nubes comenzaron a actuar las murgas. La Murga de abuelos del Tres de Abril fue la primera, luego Murga La Redondita del taller que se realiza en el anfiteatro Canario Luna en el Cilindro, que invitó a subir al escenario a vecinas y vecinos, ¡hasta el Alcalde se cantó una!
El cierre estuvo a cargo de la murga de chiquilines y chiquilinas del Centro Cultural Bella Italia Espacio Murga. Las tres murgas surgieron de talleres de Esquinas de la Cultura y tienen la conducción de Diego Mutizabal. Pero la fiesta no quedó por allí, luego de terminadas las actuaciones y mientras que se desarmaba todo dentro del salón se improvisó un baile.
Sin dudas la barriada era una fiesta, los integrantes de la comisión y los participantes del taller de teatro comunitario que se realiza en el Salón estaban contentos. Una nueva etapa comenzó, recuperar el salón, que en otras épocas fue utilizado como sede de un Centro Caif y luego ocupado y vandalizado, es algo muy importante. Fue un gran esfuerzo de los vecinos para hacerlo y reconstruirlo.

Javier Cáceres
Gestor de Esquinas de la Cultura
Municipio A


viernes, 29 de marzo de 2013

La increíble historia de los ex empleados del Frigorífico del Cerro

La justicia tarda pero no llega
Llevan mas de dos décadas esperando cobrar lo que les pertenece. Muchos se han muerto sin ver el dinero.


Andrea Tutté
Alfredo Medina tenía 12 años y un poco de miedo aquel 5 de marzo de 1943, su primer día de trabajo en el Frigorífico Artigas del Cerro. "Asustado, como cualquier gurí", cambió la moña de escolar por la "chapa" que durante los 26 años siguientes lo identificaría como el empleado 5627.
Muchas cosas cambiaron desde entonces. Pero su vida sigue ligada a un frigorífico que hace tiempo dejó de existir. Y la de muchos de sus compañeros también.
Unas 1.200 personas, entre ex trabajadores del frigorífico y descendientes de otros ya fallecidos, llevan adelante una larga batalla judicial iniciada hace 22 años, a través de la cual intentan cobrar un dinero que —aseguran— les corresponde legítimamente.
"No reclamamos como empleados, sino como accionistas que fuimos del frigorífico", explicó Medina, que cree que el litigio debería ingresar al Libro Guinness por lo extenso.
Sus acciones corresponden a Establecimientos Frigoríficos del Cerro, una sociedad anónima creada en 1958 con los locales y maquinarias de los frigoríficos Swift y Artigas, cuando sus dueños extranjeros se retiraron del país. Supuestamente, los trabajadores pasarían a convertirse en accionistas y participarían en la gestión de la nueva empresa. Los hechos posteriores mostraron que no sería tan así.
Tras una historia de más de 30 años signada por conflictos, despidos masivos y una intervención estatal, el Frigorífico del Cerro cerró en 1992, sin haber nunca repartido dividendos entre sus accionistas.
Esto no es raro en Uruguay, donde las sociedades anónimas tradicionalmente han servido más para esconder la propiedad de bienes que para recompensar inversores. Pero en este caso sí hay dinero para repartir: cerca de 740.000 dólares, fruto de la venta de parte del predio de la planta Artigas a la Intendencia de Montevideo, embargados a pedido de los demandantes.
El 15 de octubre, la comisión liquidadora del frigorífico presentó ante la justicia un proyecto de distribución del dinero que fija en 5,11 dólares el valor de cada acción.
Este proyecto no se basa sólo en el reparto de 1958, sino también en una asamblea de 1988 en la que se distribuyeron miles de acciones adicionales entre los 150 trabajadores que quedaban entonces en el frigorífico. De modo que, mientras los trabajadores originales tienen en promedio tres o cuatro acciones cada uno, hay otros que en 1988 pasaron a tener hasta 2.500.
Esto significa que, de acuerdo a la propuesta de distribución presentada, el dinero se repartirá de la siguiente manera: 600.000 dólares entre 150 personas, y 140.000 dólares entre las más de mil restantes.
Indignados, los demandantes planean impugnar la asamblea de 1988 y la distribución propuesta. Todo indica que todavía no se ha escrito el último capítulo de una historia que ya tiene casi medio siglo, y que muchos de sus protagonistas murieron antes de ver concluida
Despidos masivos
Llegando al Cerro, desde el puente sobre el Pantanoso, aún se puede ver un galpón con las, ya muy descoloridas, siglas del Establecimiento Frigorífico del Cerro Sociedad Anónima.
Las enormes instalaciones del frigorífico, que tenía hasta una imprenta para hacer su propia papelería, fueron testigos de la época más próspera del Cerro. Una época que pareció quedar atrás definitivamente el 20 de octubre de 1957, cuando los frigoríficos Swift y Artigas cerraron sin pagar licencias ni despidos.
Para evitar que miles de trabajadores quedaran en la calle, el gobierno de Luis Batlle Berres promovió la creación del Frigorífico del Cerro. Para eso se aprobó la ley 12.542, según la cual los 4.530 trabajadores de aquellos pasarían a convertirse en accionistas de la nueva sociedad anónima.
Las acciones emitidas tenían un valor de 100 pesos y completaban un capital de 15 millones de pesos. La ley establecía que debían ser repartidas entre los trabajadores hasta cubrir la suma que cada uno hubiera debido cobrar por concepto de licencias y despidos impagos por los frigoríficos Swift y Artigas.
"Sin embargo, el nuevo directorio sólo distribuyó las acciones correspondientes a las licencias", explicó Alberto Mariño, uno de los ex empleados de Swift. "No se repartieron las correspondientes a despidos, tal vez porque con ellas hubiéramos llegado, la gran mayoría de los trabajadores, a las cinco acciones que según los estatutos debían tener los accionistas para votar en las asambleas".
"Además —continuó— no es difícil pensar que las acciones que luego se repartieron en 1988 eran las que nos correspondían por concepto de despidos y nunca se nos entregaron".
En los diez años posteriores a su creación, el nuevo frigorífico trabajó sin cesar —llegó a ser el principal exportador de carne del país— y aumentó su patrimonio: adquirió los frigoríficos Durazno y Castro y la planta agrícola de Los Cerrillos. Y en 1968, justo cuando estaba previsto que comenzaran a pagarse dividendos, empezaron los problemas.
Ese año, las medidas prontas de seguridad prohibieron toda reunión pública, incluidas las asambleas de accionistas. En abril de 1969 hubo una prolongada huelga y en agosto, una asamblea de accionistas (realizada bajo "presiones de toda índole", según los demandantes) aprobó una propuesta del directorio para ceder al Estado el control de la sociedad, cuyo patrimonio estaba valuado en unos diez millones de dólares.
El gobierno de Jorge Pacheco Areco nombró entonces una comisión interventora que se mantuvo ya entrada la dictadura. En 1973, un decreto del gobierno militar destituyó a 50 trabajadores, y en 1979 fueron masivamente despedidos otros 1.800; al final de la historia de la planta quedaban apenas 150.
Hasta hoy Medina no se explica con qué criterio se eligieron los 1.800 despedidos. "Si éramos todos accionistas; ¿por qué a algunos los dejaron y a los demás los despidieron?".
Juicio conflictivo
En 1980, un año después de los despidos masivos, algunos de los ex trabajadores del Frigorífico del Cerro decidieron recurrir a la Justicia. Su representante legal era Adolfo Gelsi Bidart, más tarde decano de la Facultad de Derecho y coautor del Código General del Proceso. Gelsi acompañó sus reclamos hasta la muerte, en 1998, a los 80 años.
La primera demanda tenía como objetivo hacer que el frigorífico le comprara a sus ex trabajadores las acciones, como estaba previsto en la ley 12.542 para el caso de los accionistas que dejaran la empresa. "En 1983 tuvimos un dictamen favorable pero, tal como Gelsi nos había advertido, no pasó nada porque la sentencia debía pasar por el Estado Mayor Conjunto y quedó archivada", recordó Medina.
Tras la llegada de la democracia, en abril de 1985, el grupo de ex trabajadores del Frigorífico del Cerro fue el primero en comparecer ante una comisión parlamentaria para reclamar la reactivación de la empresa y la investigación de lo ocurrido durante la intervención.
En 1987, ya eran 750 los ex trabajadores que, reunidos, iniciaron un nuevo juicio ante la justicia civil. El directorio del frigorífico propuso pagarlas a su precio nominal, 100 pesos (que, por supuesto, ya no valían lo mismo). Los ex trabajadores querían que les fueran pagadas a un precio proporcional al patrimonio de la empresa.
En ese entonces, un contador designado por la justicia determinó que el patrimonio de EFCSA llegaba a 5,4 millones de dólares, por lo que cada acción hubiera valido unos 92.800 pesos.
El nuevo juicio estuvo signado por distintos pedidos de embargo trabados por los demandantes y levantados una y otra vez a pedido de los abogados del frigorífico, y de apelaciones que llegaron hasta la Suprema Corte.
Paralelamente, la empresa cerró y entró en proceso de liquidación en 1992, lo que supuso comenzar a vender sus propiedades para pagar sus cuantiosas deudas. Como parte de este proceso se vendió un sector del predio de la planta Artigas a la Intendencia de Montevideo. Descontadas las deudas con la DGI y el BPS que la Intendencia pagó como parte del trato, quedaron unos 740.000 dólares que fueron embargados en 1995 a pedido de los demandantes.
En 2001, el abogado Darwin Rodríguez, discípulo de Gelsi, decidió presentar un nuevo juicio. En esta ocasión, lo que se reclamó fue que la Comisión Liquidadora brindara una rendición de cuentas sobre el resultado de la liquidación, y propusiera un mecanismo para repartir entre todos los accionistas el dinero embargado.
"Esto no implica renunciar a ninguna reclamación futura con respecto a los bienes que hayan sido mal liquidados o que hayan desaparecido del patrimonio, sino que se refiere simplemente al reparto de ese dinero", afirmó González.
Lo justo y lo legal
Kilos y kilos de papeles que documentan la historia del Frigorífico del Cerro descansan hoy en uno de los grandes galpones que formaban parte de la planta Artigas. Bajo una espesa capa de polvo desprendido de las paredes de la añosa construcción se acumulan ordenadas pilas de planillas y ficheros de metal donde se guardan los legajos de quienes alguna vez trabajaron allí.
"Esto era algo impresionante", afirma Ernesto Vergara, uno de los tres miembros de la comisión liquidadora designada por los trabajadores aún en actividad cuando en 1992 cerró la planta. Los miembros de la comisión —Ander Marizcurrena, Adriana Araújo y Vergara— cobraron un sueldo mensual de 1.000 dólares desde junio de 1992 hasta agosto de 2000: desde entonces se trabaja honorariamente porque la tarea ya estaba casi concluida y "no se justificaba estar pagando tres sueldos".
Vergara, que entró a trabajar en el frigorífico a los 18 años, en 1968, afirmó que en un principio nadie esperaba que la liquidación arrojara un saldo positivo.
Finalmente, lo único que sobró fue el fruto de la venta de la Planta Artigas, embargado por los demandantes. Sin embargo, el liquidador asegura que el embargo no era necesario: "es más, fue perjudicial, porque ese dinero al ser embargado dejó de generar intereses".
Vergara también dice creer que la propuesta de reparto presentada por la comisión liquidadora que él mismo integra "es injusta, pero el problema es que a veces lo que es justo y lo que es legal van por caminos separados".
Sin embargo, los demandantes afirman que la propuesta de distribución del dinero entre los accionistas no sólo es injusta, sino también ilegal. Por eso, González planea solicitar la nulidad de la asamblea de reparto de acciones de 1988, "ya que la ley 12.542 dispone que los únicos titulares del reparto accionario pueden ser los obreros de los frigoríficos Artigas y Swift que figuren en las planillas al 1º de diciembre de 1957".
La asamblea de 1988, a juicio del abogado, "fue una maniobra con la que una minoría buscó preservar para sí el patrimonio de la empresa. Porque ¿cómo puede ser que aparezcan algunos de ellos con hasta 2.600 acciones, cuando la mayoría de los empleados originales de Swift y Artigas apenas tienen cuatro o cinco cada uno?".
Vergara, en cambio, insiste en que la asamblea de 1988 fue legal según los estatutos, y que las "acciones de reserva" repartidas entonces fueron pagadas por los empleados. Cada acción se pagó a su valor nominal, es decir, a 100 pesos, que en 1988 no servían para mucho.
"Por eso digo que la solución es injusta, ya que esas acciones no le costaron lo mismo al que las pagó a 100 pesos en 1988 que al que las pagó a 100 pesos en 1958", afirmó. "Por eso, tal vez incluso hubiera sido mejor que no sobrara nada, para evitar esta situación. O se podría haber destinado el dinero para alguna obra social de la zona".
"Lo que es justo"
Aún hoy, cuando ya venció el plazo para registrarse como accionistas, siguen apareciendo ex trabajadores del frigorífico. Llevan en sus manos las acciones que les fueron entregadas a ellos o a sus padres, y preguntan si es cierto que esos papeles amarillentos tienen algún valor.
Algunos, incluso, piden para el boleto, porque no tienen dinero ni para eso. Muchos guardan grandes expectativas sobre el posible valor de esas acciones. Y como no todos tienen claro exactamente cómo es el procedimiento, circulan versiones de todo tipo.
"Hay gente que llega y dice ‘vengo a cobrar’", explicó Mariño. "Incluso un hijo asesinó a su madre adoptiva porque creía que ya había cobrado y quería quedarse con el dinero".
Sucedió el año pasado en el barrio Maracaná. La señora, de apellido O’Neill, era esposa de Dilber Canto, un ex empleado ya fallecido.
Muchos de los accionistas son septuagenarios u octogenarios y otros han muerto sin llegar a ver sus acciones transformadas en dinero. Medina y Mariño recuerdan especialmente a José Almeida, un antiguo compañero que inició el reclamo original y murió en junio.
Si bien saben que muchos de los ex trabajadores del frigorífico necesitan con urgencia el dinero que pueda obtenerse del juicio, para ellos el reclamo tiene mucho de simbólico. "A nosotros –afirmó Medina– se nos dijo que éramos accionistas de una empresa, se nos repartieron acciones que correspondían a dinero que nos debían, y nunca vimos un peso. Estamos reclamando lo que es justo, lo que nos corresponde".

EL PAIS DIGITAL

Cerro Norte su historia y desarrollo I

Ubicación física e infraestructura urbana


“Cerro Norte” presenta una clara ubicación urbana dentro de la zona oeste de Montevideo, al norte de la
antigua Villa del Cerro, y al sur de los Accesos a Montevideo de las rutas N° 1 y N° 5. Está integrado a los
efectos del programa por los barrios Nuestra Casa, San Rafael, Treinta y Tres Orientales y Amanecer,
asentados en terrenos municipales del Zonal 17, limitado por las calles Santín Carlos Rossi al este, La
Paloma al norte, Camino de Tropas y Av. Federico Capurro al oeste, y Carlos María Ramírez al sur.



En este sentido, el entorno constituido por los barrios Municipal 31, Las Cabañas, los Complejos
Habitacionales 19 de Junio y 19 de Abril y el barrio Artigas, fueron considerados desde el inicio como parte integrante de una zona que interactuando desde la cotidianidad, sería impactada por el proyecto barrial y de infraestructura urbana. Si bien en términos relativos se trata de un espacio físico relativamente acotado a
nivel local, concentra una población de aproximadamente 10000 personas, asimilable a una ciudad del
interior del país.


Respecto al acceso a servicios de agua potable y energía eléctrica, se detecta que la mayoría de las
familias acceden a ellos; aunque muchas lo hacen en forma precaria y con exposición a situaciones riesgosas
por las condiciones en que se realizan las conexiones y los arreglos ante los cortes por sobrecarga, etc.
Asimismo, 108 hogares reciben el agua por cañerías fuera de la vivienda y 14 de ellos desde fuera del lote.
El 5% de las construcciones, no acceden al agua potable, siendo la que se usa en el hogar de orígenes poco
salubres.
Al momento de la realización del diagnóstico inicial, la zona no contaba con saneamiento, estando éste en
proceso de construcción por obra municipal. La evacuación de aguas servidas se realizaba a través de
cunetas, pozos negros o directamente en superficie o cañada. Los datos censales primarios indican que el
10% de las viviendas no cuentan con servicios higiénicos. De aquellos que sí tenían, aproximadamente el
20% realiza la evacuación en superficie, en la cañada o en la cuneta más próxima, generando importantes
consecuencias negativas en el ambiente, en las personas y su condiciones de salud.


Las viviendas, muchas de ellas han sido auto construidas con materiales sólidos en paredes y piso, y
techos livianos. Algunas de ellas presentan graves problemas de habitabilidad más allá del material con el
que están construidas. Son las construidas en chapa, cartón, nylon, las que presentan las peores condiciones.
Sin embargo muchas otras, construidas con materiales sólidos, (bloque sin revoque y techos de chapa sin
cielorraso), presentan importantes condiciones de inhabitabilidad, que impacta directamente en las
condiciones de vida de las personas: mala aislación del medio, humedad ambiente, filtraciones de agua y
condensación interna. Estas condiciones se agravan en no pocos casos, por las situaciones de hacinamiento,
algunas extremas.

 Surgimiento y Orígenes: Principales hitos poblacionales


La reconstrucción histórica que realizan los vecinos, dan cuenta de un núcleo reducido de 23 familias que se
asientan en la década del ´60 en la zona, situación que permanece relativamente incambiada en las dos
décadas siguientes.




Los relatos recogidos de antiguos pobladores de la zona recuperan de la memoria personal y colectiva las
imágenes de hacía 40 años atrás en las que Cerro Norte era “un campo en el pastaban el ganado del
frigorífico Artigas...En el terraplén había un embalse que abastecía de agua a las vacas... no
éramos más que 30 vecinos... se piensa que el barrio 33 lleva ese nombre porque durante mucho
tiempo ese fue el número de familias originales”


La imagen de “gran espacio verde” con escasas construcciones y unas pocas familias son una y otra vez
referenciados en los relatos de las personas de mayor edad que aún viven en la zona y de otras de mediana
edad que la recuperan de la historia oral de los barrios, fuertemente asociada al Cerro obrero de la industria
frigorífica.
Se ubican dos grandes oleadas de poblamiento de la zona, en las décadas del ´80 y ´90. Los datos censales lo reafirman, identificando a aproximadamente el 75% de crecimiento demográfico en este periodo.




“Y en ese momento no
había nada más en la
vuelta que no fuera pasto y
el bañado... En 1984 “era
todo campo, poquitas
casas, poquitas casas no,
poquitas piezas”...” a lo
sumo había 20 casas en
todo el barrio,... existía una
cancha de fútbol en pasaje
3 y continuación
Dinamarca...de tierra las
calles, por supuesto sin
agua”.


“Cuando reajustan los alquileres no puedo pagar más y me tengo que ir; tengo que optar entre
comprar un terrenito o construir; entonces y con la ayuda de mis hijos empiezo a edificar en un
terreno que no es mío. El terreno que actualmente ocupo…”.


Así como en la década anterior, las causales socioeconómicas representan los motivos mayoritarios a través
de los cuales las familias explican la mudanza hacia el asentamiento (45% de los hogares), la segunda “oleada” de los ´90 podrían encontrar en la formación de nuevos hogares la principal variable a considerar
para explicar el crecimiento demográfico registrado. Algunas familias originarias de los complejos
habitacionales 19 de Junio y 19 de Abril, van decidiendo la ocupación paulatina de los terrenos linderos
como estrategia para enfrentar las condiciones de hacinamiento.
Desde el inicio fue posible identificar lazos de parentesco, amistad y relacionamientos vecinales que
confirman estas conductas expansivas de las familias condicionadas además por una estructura edilicia que
fue concebida como transitoria y que no acompañó las características demográficas y sus necesidades
familiares1
. No menos relevante es el crecimiento registrado en los 4 años anteriores al Censo de 2004,
básicamente asociado a los nacidos en el asentamiento, sin perjuicio de la migración desde otros barrios.


Estas tendencias localizadas en el territorio especifico, deben ser consideras dentro del contexto global en el
que se generan, en las que estas expresiones micro locales no hacían más que dar cuenta de procesos macro
sociales que las atraviesan y trascienden. Es decir, estos procesos de ocupación y conformación de los estos
4 barrios que conforman la zona Cerro Norte, son parte de procesos migratorios internos que luego se
expresan en el crecimiento poblacional que registra la zona oeste de Montevideo, con valores que oscilan
entre el 50 y 39% según datos intercensales del Instituto Nacional de Estadística. De los cuales los
asentamientos, constituyeron la principal expresión de esta movilidad poblacional. Asimismo, el contexto de
crisis socioeconómica sufrida por estos sectores de población, particularmente en las últimas décadas,
encuentra un punto de inflexión aguda a partir del año 2002.
En este sentido, las historias personales recogidas a lo largo del proceso de trabajo, se integran a historias
sociales del proceso de afincamiento. La reconstrucción de los antecedentes e historias de afincamientos en
los barrios, surgen en sus relatos, asociados a experiencias colectivas y de relacionamiento entre vecinos para lograr mejorar las condiciones de vida, el acceso a servicios por entonces inexistentes (agua, luz, transporte, etc.) y de integración a la zona.









Barrios

Casco del Cerro, Casabó, Pajas Blancas, Santa Catalina, Cerro Norte, La Boyada, Cerro Oeste y zona rural.

Límites

Costa del Río de la Plata, arroyo Pajas Blancas, Cno. Pajas Blancas, Cno. Tomkinson, Ruta Nº 1 Nueva, Ruta Nº 5 Brig. Gral. Fructuoso Rivera, puente sobre brazo del arroyo Pantanoso y arroyo Pantanoso hasta la bahía.